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Diálogo sobre la mentira

Aldo Guerra / Hugo Lugo

AG: Sin temor a equivocarme, afirmo que la mentira de la que hablas en la serie Apuntes sobre la Mentira es aquella de la representación, cosa que viene ocupándote desde hace tiempo. Has explorado casi todos los modos convencionales que la tradición de la pintura ha instaurado como definitorios de la pintura como tal: el paisaje, el retrato y la naturaleza muerta. Es el turno ahora de aquello que se relaciona con el dibujo, desde las notas y bocetos, hasta los soportes de papel común que evocan el carácter efímero de su contenido ¿De dónde proviene tu interés por algo tan específico?

HL: Precisamente porque creo que estos modos de representación están presentes de manera general en la mente de las personas, y en la mía claro. Forman parte de nuestra memoria como individuos, y no sólo para la historia del arte pictórico. La gente está acostumbrada a pensar en dibujos y pinturas como objetos accesibles. Me interesa ese poder inmediato que tienen, tanto como su carácter icónico. Aunque claro que todas las disciplinas tienen sus equivalentes, pues no hay en nuestros días manera más inmediata de comunicación que la TV, o el cine, ¿cómo imaginar nuestra vida sin películas? ¿o sin música? ¿o sin cuentos?… Pero bueno, también creo que las búsquedas tienen que ser exhaustivas, y por ahora estoy en esto.

AG: Aprovechando que mencionas esos otros medios: Siempre a un cuento - que es una representación - corresponde una realidad que no es la literaria, sino que es una idea en la mente del escritor que a su vez corresponde a un modelo del imaginario colectivo, por ejemplo, una concepción de la inocencia infantil amenazada por la perversión adulta que la imagina, como el dragón aquel que devora su propia cola. Es pues, un fenómeno complejo que la representación ayuda a percibir. Se suele pensar que lograr un universo de posibilidades que se autosostenga - no que se autodevore - es el mayor logro de un artista, y tu deambulas aquí en un terreno minado de decepciones latentes, le afirmas el engaño al espectador. Sin embargo, creo que rebasas la ingeniosa paradoja de la mano de Escher que se dibuja a si misma, para aludir a una realidad que no es la de la pintura en sí, como no lo era para el cuento la realidad literal, ¿Qué es eso a lo que señalas con tu obra?

HL: No creo que esa concepción de la infancia que dices que el cuento representa, existiera como tal antes del cuento, por que la realidad es en parte creada por la representación, que a su vez regresa a ésta un contenido con el que pueda luego corresponder. Es un juego de reciprocidades, y a eso creo que es a lo que puede aludir mi trabajo, sin muchas complicaciones: la representación y la realidad se influyen mutuamente. Aprovecho esos recursos para explorar aspectos de la condición humana, la ironía, la soledad, y el absurdo, por mencionar algunos, me interesa crear situaciones desconcertantes por sí solas, imágenes de momentos anticlimáticos que pertenecen a historias desconocidas.

AG: El ideal renacentista planteaba al ser humano como centro y medida del universo, con la invención de un recurso pictórico que apoya perfectamente esa cosmovisión: la perspectiva. Y lo menciono por que el renacimiento es el momento más claro del positivismo que caracteriza todo el “milenio burgués” y que se extiende hacia el pasado desde nuestros días, que atisban ya un cambio hacia un nuevo paradigma. Creo entonces importante observar las identidades que cobran en tu trabajo los conceptos de “universo” y de “sujeto”, y como concilian su confrontación, por que me parece también que empieza a modificarse la relación que parecía estar fijándose ya en tu obra. Hablo de la relación de escalas, que como en el Gótico –y no creo forzar la comparación-, no obedece a las leyes de la perspectiva, sino a un factor significativo de jerarquías dentro de un mismo plano. ¿Cómo lo explicas tú?

HL: Bueno, me halaga la comparación, pero me preocupa un poco la responsabilidad que esa visión de las cosas pone sobre los artistas para ilustrar el cambio de cosmovisiones, creo que eso dependerá siempre de un sistema mucho más grande, que aparte del arte implicará tanto a la ciencia y a la filosofía, como al procesamiento efectivo que todos hagamos de esa información en la cotidianidad. En cuanto a lo que mencionas sobre la escala en algunas de mis composiciones, lo que quiero realmente es reafirmar esa diferencia sentida, y digo sentida por que sabemos que en realidad no es así, entre el universo – las cosas – y nosotros como sujetos separados de esas cosas. Y las cosas a su vez en un universo indefinido, prácticamente ausente, reducido también a una sensación emotiva, cromática. Es verdad que las escalas son significativas, pero me enfoco más en las diferencias, como sea que se den. Tú hablabas de las connotaciones que el papel corriente puede tener, en el caso de las piezas para la serie Apuntes sobre la mentira, sobre el carácter efímero de lo que hay en ellas “dibujado”, pero hay una diferencia, puesto que son superficies simuladas en un medio mucho más capaz de soportar el paso del tiempo, y por definición no están dibujadas sino pintadas. Ahí hay una clara diferencia entre lo explicito y lo implícito. Mera reflección.

AG: ¿Reflección? ¿Mente o espejo?

HL: Ambas, necesariamente se implican. Ese fenómeno perceptual del reflejo es producido por hechos físicos como luz, superficies pulidas, incidencia en la retina, impulsos eléctricos, etc. pero la percepción, ya lo sabemos, no es una actividad pasiva, no vemos con los ojos, vemos con el cerebro. Soy consciente de mi imagen en el espejo, o en el retrato, y soy o no soy. Y eso nos lleva a la consciencia, y a otros temas más complejos todavía.

AG: Bien. Creo que hay algo bastante más inmediato en lo que presentas. Si hay algo que caracteriza tu trabajo es que se anuncia accesible a primera vista, es atractivo vaya, “dulce para los ojos” traduciendo una expresión del inglés. Y una vez anclada la mirada, la mente se ve cuestionada. No es fantasía, no es una imagen surreal tampoco, sin embargo hay algo de inquietante en ellas. Entre las constantes referencias a la naturaleza, tanto como a la realidad cotidiana, hay encuentros de inusual sobriedad, por parte de los sujetos, ante estas situaciones improbables. ¿Cómo logras generar ese equilibrio entre la familiaridad y la extrañeza?

HL: Creo que tú mismo lo explicas un poco en tu comentario. Formalmente busco la simplicidad, que se puede complicar por las asociaciones que las figuras sugieren. En tus palabras, son la familiaridad y la extrañeza conjugadas. Tal vez convenga aclarar que en esta serie, al igual que en otros proyectos independientes de la pintura, en realidad estoy trabajando con una idea de “naturaleza” que puede tener distintas acepciones. Por un lado, la naturaleza entendida como la realidad inmediata, los objetos y las cosas, por otro lado como el conjunto de características y comportamientos que definen al hombre (su naturaleza humana): el temor, los dilemas éticos, la empatía, y esas cosas. Finalmente, y ahora si con referencias al arte, como un conjunto de elementos figurativos extraídos de la pintura de género: árboles, montañas, ríos, animales, etcétera, en este caso desarticulados.

AG: Hablando de desarticulación y a juzgar por los materiales y las imágenes que te rodean en tu estudio, como los bocetos en papel transparente, la cinta adhesiva, los recortes y las postales intervenidas… ¿Qué papel juegan los procesos de construcción de la imagen en el producto final?

HL: Procuro tener a la vista elementos desarticulados por que me es mas fácil luego irlos asociando y pegando no con cinta adhesiva, sino en la mente. Auque suene contradictorio, visualizo resultados claros pero imprecisos, quiero decir que lo que tengo claro es lo que quiero que “suceda” pero no sé cómo va a suceder hasta que empiezo a trabajar sobre el bastidor, hay sutilezas muy importantes que se definen en el proceso de pintar. Tan determinante es el producto que concibo, como el medio en el que lo realizo.

AG: Creo que compartimos la convicción de que los medios son maneras de facilitar modos de pensamiento distintos. No se puede pensar lo mismo con un pincel y un lienzo que con una cámara digital y una computadora.

Y bueno, como procesadores de información que somos, no estamos completos sin la respuesta a las preguntas que lanzamos. Conviene dejar el resto del análisis -aquello particular de cada pieza- al espectador. Mucha suerte con ellos, y gracias por tu invitación a conversar.

HL: Gracias a ti, y a los lectores si siguen aquí, por el tiempo.

Publicado en el Catálogo Apuntes sobre la Mentira, 2007



Vista del estudio
Vista del estudio

La evidencia I
La evidencia I, 2007

La evidencia II
La evidencia II, 2007